Una dosis para cada tierra.
Ocho fichas desarrolladas con agrónomos especializados. Cada una incluye dosis, momento de aplicación, formato recomendado y efecto esperado.
Más color, más polifenol, menos estrés.
En viñedo, la leonardita mejora la estructura del suelo, aumenta la retención hídrica (clave en secano) y activa la microbiota rizosférica. El resultado se ve en bayas más pequeñas, más concentradas y con perfil aromático más rico.
La defensa natural contra la sequía.
El olivo vive en secano y en suelos calizos agotados. La leonardita libera el fósforo y los micronutrientes bloqueados por el calcio, y multiplica la capacidad del suelo de retener agua durante los meses secos.
Calibre, color y cuajado.
Melocotón, nectarina, cereza, ciruelo y almendro responden especialmente bien a la mejora del enraizamiento que da la leonardita. Menos clorosis férrica y mejor cuajado en la caída fisiológica.
Extensiva, dosis bajas, rentable.
Aplicación pre-siembra en cereal de invierno y pre-inundación en arroz. La leonardita fija nitrógeno del suelo, reduce pérdidas por lavado y mejora la calidad proteica del grano.
El ciclo corto no perdona.
En hortícolas y patata, la ventana de absorción es estrecha. La leonardita soluble en fertirrigación asegura que el cultivo asimile todo el NPK aplicado y reduce cloruros y salinidad acumulada.